jueves, 2 de julio de 2009

T E R C E R O

Todos conocéis a Dédalo. Sí, ese que se paseaba por calles de Atenas ufano, seguro de ser el más listo de la ciudad. Pues tenía un sobrino llamado Perdix, también muy listo. Envidioso Dédalo, lo llevó a lo alto de un acantilado y le propuso una adivinanza que él creía de imposible resolución: "querido sobrino, sabrías decirme donde está el punto medio entre nuestra posición al borde de este precipicio y el horizonte", dijo con un tonito irónico.
Pérdix, con la mano sobre los ojos protegiendo éstos del sol, inmediatamente dijo: "teniendo en cuenta la redondez de nuestro planeta, y que la línea de la mirada es una tangente que se une a la curvatura de la tierra, este largo trecho, y teniendo también en cuenta la reducción de la perspectiva, le parecerá al ojo tan corto, que su bisectrix ocurre aproximadamente con la línea del horizonte".
Cuando aún sonaba la sílaba "te" en la boca del infeliz Pérdix, Dédalo de dió un patada en el culo, impulsando al vacio al monosabio, y en la largísima caida aún se oía eeeeeeeeeeeeeeee....
Menos mal que Palas Atenea desde el Olimpo vigilaba el suceso, y cuando Dédalo esperaba escuchar "chof", la diosa convirtió al joven en pérdiz, que remontando el vuelo, se refugió en lugar seguro.

5 comentarios:

  1. Pero que sabihondillo el tal Perdix

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  2. Hola Antuán, encantado de verte por aquí

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  3. Desde aquel día,la perdiz vuela bajito.

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  4. GRACIAS A LA DIOSA QUE LE GUSTAN LOS HOMBRES SABIOS Y REDICHOS Y PEDANTES ¡QUÉ COJONES,HIZO BIEN EN TIRARLE!

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